Hace varias semanas que venía pensando en
escribir la carta del Día de la Mujer. La felicitación que cada año en los
últimos 10 años había hecho. No lo
hice, hasta ahora. 3 o 4 días después del día.
En parte supongo es que no sé que decir,
o tal vez porque he visto cosas que es mejor olvidar. De todas formas, vi a
Puri y me dijo que había extrañado la carta. hablé con mi mamá y me dijo lo
mismo. El Sapo, mi tía Rosalía, también extraño mi llamada. Y entonces, me dejé de tonterías y me puse a
escribir esto.
Hace un año estaba empezando esta nueva
parte de mi vida, empezaba a conocer personas en un trabajo nuevo e intentaba
convivir con mis propias historias.
Hoy, lo que puedo decir es que, al menos
yo perdí a una gran mujer el año pasado. Mi tía Ana fue toda su vida una
luchadora, una mamá no sólo de sus hijos, sino de mi abuelita, de sus hermanos
y de nosotros, sus sobrinos.
Ella siempre que estábamos en su casa nos
daba todo lo que necesitábamos, siempre nos daba desde cariño hasta cualquier
cosa que fuera necesaria. Recuerdo que hace años, cuando por primera vez pensé
que algunas veces los pequeños gestos hacen más que las grandes hazañas, ella
me dio las gracias, por una cosa que empecé a hacer. Cada cierto tiempo llamaba
a mi abuelita y a ella para saber cómo estaban.
Esta pequeña acción de hacer una llamada
para preguntar cómo están era según mi tía –Como si a tu abue la llamara su
novio cuando está lejos-. Pues, creo que ahora mientras escribo, pienso que
esta carta es igual, una cosa pequeñita que hace más que la esperanza de que
suceda algo grande. Tal vez porque es algo que yo si puedo hacer, y no tengo
que esperar a que un mundo de gente, indignados o no, valientes o no, y sobre
todo posible o no. Esto, lo que hago aquí es para ustedes, mis mujeres, para
todas y cada una. Esto, estas palabras sí las puedo hacer, y las puedo dar,
porque cambiar el mundo es imposible, pero cambiar este segundo y obtener una
sonrisa o un suspiro es posible.
Así en este último año me ha costado
creer que las pequeñas cosas por las que lucho valen la pena. Que hacer cosas
pequeñas realmente cambian algo. En realidad, las cosas pequeñas cambian mucho
más que las grandes.
Recuerdo, que este año amigas mías se
rompieron: Su, Núria, Marta, Blanca y posiblemente algunas otras que no lo
dijeron.
Lo único que pude y puedo hacer es haber
estado ahí. Sino físicamente presente, con un mail, con una llamada.
En algunos momentos, yo tampoco sabía
cómo ayudar. En algunos momentos lo único que podía dar era el estar ahí,
hablar y dar todo el tiempo que tenía para que pudiéramos continuar.
Entonces, esta carta puede existir o no,
porque lo que fue más importante para mí es esos dos segundos en donde pude
estar con las mujeres de mi vida, esa pequeña acción que ayudo a alguna, que la
hizo sentir mejor. Eso es lo que vale, eso es lo único que tengo y puedo dar,
si me necesitan estoy aquí y si no también.
Felicidades nuevamente, que aunque tarde,
se los digo de todo corazón.
Un beso para todas, y si esta carta no es
suficiente para ustedes, si necesitan más, recuerden lo que dice Jarabe de
Palo: “Te tiendo la mando, tu me agarras todo el brazo, y si quieres más:
Grita”
Hartos beZos y todos los abraSos que
tengo y que necesiten.
Pablo